Para romper la costumbre
DESDE EL OTRO LADO / de Victor Vegas, dirigida por Manuel Ruiz y con la actuaciones de Silvia Campos y de Arturo Campos, esta a punto de cerrar temporada a teatro lleno.
Esta pieza, que ha sido encasillada dentro los textos del absurdo contemporáneo, profundamente existencialista y polivalente en cuanto a sus mensajes, se sirvió exquisitamente por el equipo artístico, donde destacan las actuaciones llenas de energía, matices, recursos interpretativos, mucha frescura y una agradable presencia, junto a una Direccion creativa y acuciosa. Las luces y la música aportan los énfasis requeridos para que el público logre conectarse con el material. Destaca el diseño de espacio con elementos que al principio parecen solo formar parte de un sugestivo decorado, pero conforme avanza la puesta, empiezan a cobrar significados dramáticos y argumentales, como debería ocurrir siempre. Bien por eso.
Dentro de las licencias textuales que evidentemente se toma el director a la hora de jugar el texto, provoco la hilaridad de la sala, el momento cuando los personajes hacen un recuento de las grandes mentiras que han acuñado y mencionan como una de ellas: “El Gobierno de mi país apoya la cultura”. El público la aceptó de inmediato, como una gran mentira consensuada por toda la sociedad costarricense. En ese momento no pude evitar recordar los términos absolutamente desventajosos con los que ese equipo humano, que se estaba partiendo el alma en el escenario, entró a participar de el concurso convocado para presentar espectáculos en la Sala Vargas Calvo. Condiciones tan desventajosas que la AGITEP (Asociación de Grupos Independientes de Teatro Profesional), intento infructuosamente cerrar filas para que nadie participara y con ello procurar que la Directora del Teatro cumpliera su oferta de que si nadie participaba, iba a revisar los términos de participación.
Finalmente eso no ocurrió y algunos grupos, asumieron su propio patrocinio para optar por el espacio en una “muy poco concurrida” participación. El riesgo era que dada la coyuntura se “colara cualquiera”. Con mi presencia en la penúltima función puedo dar fe de que dichosamente eso no ocurrió en lo absoluto para fortuna del teatro costarricense.
Este esfuerzo de Silvia y Arturo, no es solo actoral. Es también de producción, pues ellos son quienes están detrás de TICTAK Producciones, y el resultado fue un espectáculo cuidado en todos los aspectos, del cual salió robustecida la Sala Vargas Calvo.
Esta Sala ha ido creando fama de albergar puestas en escena y obras que no cualquiera puede disfrutar, y ello ha redundado en una pobre concurrencia de publico. Sin embargo el nivel de disfrute que pude notar en aquella sala a reventar del sábado 6 de agosto, evidencia que eso empezó a cambiar.
Una obra que podría asumiese “dura” desde su lectura, al menos para quienes no sean fanáticos del teatro de lo absurdo, ha sido jugada de tal manera que el disfrute está garantizado, y logra que el publico se sienta a salvo de caer en una de las premisas de la obra: “La costumbre embrutece”. Aquí estamos protegidos de “embrutecernos”, pues este teatro rompe la costumbre a la que, como espectadores, a veces caemos dentro de la oferta teatral costarricense.
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